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De la hostilidad y el rechazo a la hospitalidad y la acogida

Asistimos hoy en día a un desplazamiento forzado de personas que no tiene parangón con ninguna situación pasada. Por un lado las desigualdades económicas se han vuelto abismales; el capitalismo con la compra masiva de tierras, y la explotación de los recursos materiales, ha dejado inmensos territorios sin ningún tipo de perspectiva de futuro. Por otro lado, el incremento del número de conflictos armados ha provocado que el número de refugiados se disparase hasta superar los 60 millones de personas.

Refugiado sirio acogido en la isla de Lesbos (Grecia). Autor: Juan Hidalgo.

Refugiado sirio acogido en la isla de Lesbos (Grecia). Autor: Juan Hidalgo.

Ante esta situación las zonas «ricas y con estabilidad» de nuestro mundo, en vez de abordar las causas de los desplazamientos y buscar la protección de todas estas personas, han corrido a proteger sus fronteras para dificultarles el paso. Esta actuación por parte de algunos estados es simplemente criminal. En todo el mundo, sin embargo, se va despertando la conciencia de que por mucho que levantemos muros no solucionaremos el problema de fondo. Harán falta soluciones políticas globales. Europa no puede seguir en este desgobierno e indiferencia, lavándose las manos cuando es parte activa en la creación de estos desequilibrios a escala mundial.

Pero será necesario un trabajo de abajo a arriba que vaya generando una cultura de la hospitalidad que se oponga a la de la hostilidad. Habrá que combatir a aquellos que quieren pescar políticamente en el río de los discursos xenófobos, que se aprovechan del miedo, y que solo buscan levantar muros entre las personas. Venimos de una tradición bíblica en la que las referencias a la hospitalidad son constantes, porque para aquel que vivía en el desierto la hospitalidad era sinónimo de supervivencia. Actualmente es así para millones de personas, que solo tienen en nuestra acogida una posibilidad de futuro. Estamos obligados a ello, por una ley de humanidad escrita en nuestros corazones y que va más allá de cualquier ordenamiento jurídico. Este cambio solo se producirá si logramos ir diluyendo la frontera que separa el «nosotros» de los «otros», y somos capaces de ver en estos «otros» a «nuestro hermano».

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¿Primero los de casa?

He nacido aquí. Mi familia tiene la nacionalidad. Mis hermanos y mis sobrinos nacieron aquí. Todos somos españoles, aunque les joda a algunos. ¿Primero los de casa? ¿Creéis que esa gente que aboga por eso me daría de comer? Los cojones.

Siria-300x200Si volviese atrás en el tiempo, allá por los 70, les diría a mis padres que no se partiesen, literalmente, el lomo para sacar una familia adelante porque aquí puedes vivir sólo de las ayudas sociales que te dan por ser inmigrante; y que también te regalan un pisito en la Castellana de Madrid y un Porsche. Les diría que tendrían, sólo con levantar la mano, de todo sin aportar nada y que esto es un chollo que pagarían los españoles porque son tontos. Les diría que pagarían menos impuestos y que recibirían más que nadie. Les diría que se podrían saltar la justicia a la torera y eludir multas, embargos y prisión sólo por ser inmigrantes. Les diría que tendrían unas tarjetas de crédito con saldo ilimitado y que serían como unos tales banqueros de Bankia y sus amigotes… ¿Nos os parece ridículo? A mí sí. Hasta llegar al insulto.

Esos que dicen “primeros los de casa” nunca han ido a un desahucio, ni a un comedor social, ni a ayudar a los más desfavorecidos; mucho menos a una manifestación. De hecho dudo que hayan ayudado realmente a ningún ser humano en su vida. En cambio estoy convencido de que son los mismos que han votado al partido político que ha hecho todos los recortes. ¿Necesitáis pedir el DNI a alguien que pide ayuda para ver si le ayudáis? La solidaridad no tiene bandera. Lo vuestro es otra cosa. Lee el resto de esta entrada