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¿Eres anarquista?

Lo más probable es que ya hayas escuchado algo sobre quiénes son los anarquistas y sobre aquello en lo que supuestamente creen. Lo más probable es que todo lo que escuchaste decir sobre ellos sea falso. Mucha gente parece que piensa que los anarquistas son adeptos a la violencia, al caos y a la destrucción, que se oponen a todas las formas de orden y de organización, que son nihilistas fanáticos que quieren acabar con todo. Nada más lejos de la realidad. Los anarquistas son las personas que piensan simplemente que los seres humanos pueden comportarse de una forma razonable sin tener que ser obligados a ello. En realidad, es una noción muy simple. Pero es la noción que los ricos y poderosos siempre consideraron más peligrosa.

chaplin-anarquismoEn su expresión más simple, las creencias anarquistas giran en torno a dos premisas. La primera es que los seres humanos son, en circunstancias normales, tan razonables y decentes como les permitan ser y, por lo tanto, pueden autoorganizar sus comunidades sin necesidad de que les indiquen cómo. La segunda es que el poder corrompe. Antes de nada, el anarquismo es una cuestión de tener coraje para tomar los principios simples de la decencia común por los cuales nos guiamos y seguirlos hasta sus conclusiones lógicas. Por muy insólito que parezca, en muchos aspectos importantes, ya eres anarquista (sólo que no te das cuenta).

Tal vez te ayude si analizamos algunos ejemplos del día a día:

Si hay una fila para coger un autobús casi lleno, ¿vas a esperar tu turno y contener las ganas de colarte, incluso si no hay ningún policía?

Si respondiste «sí», ¡entonces estás habituado a actuar como un anarquista! El principio anarquista fundamental es «autoorganización»: el asumir que los seres humanos no necesitan que se les amenace con sanciones para que alcancen un grado de comprensión entre ellos, o para que traten a los demás con dignidad y respeto. Lee el resto de esta entrada

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¿Qué representa hoy el anarquismo? ¿En qué creen los anarquistas?

Muchas personas siguen confundidas con respecto al anarquismo, asociándolo con violencia indiscriminada, caos y desorden. Esta imagen distorsionada contraviene más de un siglo de actividad anarquista. De modo que, si no es caos o desorden, ¿qué representa el anarquismo? ¿En qué creen los anarquistas?

Valores centrales del anarquismo

Al nivel más elemental, los anarquistas creen en el valor igualitario de todos los seres humanos. Los anarquistas también creen que las relaciones de poder jerárquicas no sólo son injustas, sino que corrompen a quienes ostentan poder y deshumanizan a quienes no lo tienen. En cambio, los anarquistas creen en democracia directa, cooperación y solidaridad. Los anarquistas se oponen al estado, el capitalismo, la supremacía blanca, el patriarcado, el imperialismo y otras formas de opresión, no porque crean en el desorden, sino más bien porque creen en una libertad igualitaria para todos y se oponen a todas las formas de explotación, dominación y jerarquía.

De modo que, si los anarquistas no están a favor del desorden y el caos, ¿qué apoyan? Los anarquistas reconocen que el orden social actual promueve un desorden individualista y competitivo, y la destrucción de la ecología, no la libertad para todos. Por ejemplo, bajo el capitalismo, la élite adinerada posee la libertad de dominar y explotar al resto de nosotros, mientras nos quita la libertad de controlar nuestro trabajo y nuestras vidas, y nos despoja de la capacidad de participar equitativamente de las ventajas económicas y tecnológicas de nuestro mundo creadas global e históricamente. En contraste, los anarquistas apoyan los principios de la solidaridad y la libertad igualitaria para todos, en todos los aspectos de la sociedad.

La democracia directa reemplaza al estado

El Estado democrático es una contradición conceptual para los anarquistas. El Estado no es realmente participativo, sino es más bien un sistema de gobierno en que algunos gobiernan y otros son gobernados. Está compuesto de instituciones y relaciones de poder jerárquicas en las que algunos, elegidos o no (en lugar de la sociedad en su totalidad), toman decisiones obligatorias y con carga valórica para el resto de nosotros, e imponen dichas decisiones con la amenaza directa (o subyacente) de violencia. Para gobernarnos a nosotros mismos sin el Estado, los anarquistas proponen asambleas de democracia directa con delegados revocables sujetos a mandato popular (es decir, deben transmitir las visiones específicas y los votos de todos los participantes de la asamblea) que son inmediatamente revocables (en contraste con los “representantes” que, luego de elegidos, toman sus propias decisiones) para entablar diálogos, negociaciones y compromisos con grandes cantidades de personas. Por ejemplo, en lugar de elegir senadores y representantes, los anarquistas proponen asambleas de barrio compuestas probablemente por 200 a 400 personas para analizar, debatir y dialogar directamente acerca de los distintos asuntos que surgen en nuestra sociedad. Los grupos de vecinos pueden enviar a sus delegados con votos específicos sobre cada asunto para que haga lo mismo en asambleas subregionales, asambleas regionales y una asamblea global. Si cada uno de estos cuatro niveles de asambleas de democracia directa fuera de alrededor de 300 personas, se puede tener un autogobierno de democracia directa de 8.100 millones de personas. Por supuesto que este es sólo un ejemplo teórico y podría tener distintas formas y cantidades numéricas en la práctica; pero estas estructuras de democracia directa eliminarían la necesidad de que otros tomen decisiones para la población global y, por el contrario, implican la toma de decisiones participativa y de todas las personas del planeta mediante la democracia directa. Lee el resto de esta entrada