Archivo de la categoría: Alternativas

Aprendiendo de América Latina, aprendiendo a vivir mejor

Hoy el “buen vivir” se hace presente, y se inscribe incluso en las constituciones de países como Ecuador y Bolivia. Este término aborda numerosos conceptos ligados a la calidad de vida y a la felicidad de una persona, desde la perspectiva social, ambiental pero también desde la humana. Se trata de una frase que aborda un compendio de principios fundamentales y universales para alimentar la vida misma, ya no solo como seres en comunidad, si no como seres vivos que exigimos necesidades físicas y anímicas.

El buen vivir es un modelo de vida para muchas culturas indígenas de América; es algo más que un concepto o una utopía. Se trata de una práctica viva, que se vivifica más conforme se comparte, y así es como ha llegado, de generación en generación, hasta los actuales indígenas. Sorpredentemente, casi todas las culturas comparten esta práctica, que aunque es nombrada de distintas maneras, puede ser genéricamente entendida de esta forma.

Por ejemplo, en el mundo andino sudamericano se hace presente en Ecuador, donde se le conoce como Sumak Kawsay; en los aymaras de Bolivia, donde se le conoce como Suma Qamañaos; y en los Guaranís de Bolivia y Paraguay, que hablan de Ñande Riko (vida armoniosa), así como en los mapuches de Chile que practican el Kyme Mogen. En Centroamérica, los tzeltales de Chiapas se refieren a la vida buena como Lekil Kuxlejal y los idiomas mayas de Guatemala lo traducen como Utzilãj K’aslemal.

Todas estas definiciones aluden a prácticas de igualdad, convivencia comunitaria, reciprocidad y de relaciones armónicas con los otros y con la Madre Tierra. Y si bien no se trata de idealizar a las culturas precolombinas, sí podemos escuchar lo que la cosmovisión de estos pueblos nos puede aportar en la actualidad, sobre todo en épocas donde el prototipo de ciudad contemporánea prevalece, por encima de todo, al espíritu individualista, y al poco o nulo respeto hacia el medio ambiente. Lee el resto de esta entrada

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Patriarcado, Madre Tierra y feminismos

“Lo primero sería reconocer que las mujeres avanzaron mucho más que nosotros en las últimas décadas. O sea, ser un poco más humildes, escuchar, preguntar, aprender a hacernos a un lado, a guardar silencio para que se escuchen otras voces. Una de las cuestiones que podemos aprender es cómo ellas se han puesto de pie sin vanguardias ni aparatos jerárquicos”.

Ingrid Tusell Domingo - mujer y la tierra

Cuidar el medio ambiente o la Madre Tierra es cosa de mujeres, según un reciente estudio de la revista de divulgación Scientific American publicado a fines de diciembre, donde se destaca que las mujeres han superado a los hombres en el campo de la acción ambiental; en todos los grupos de edad y países (ver aquí).

El artículo titulado Los hombres resisten el comportamiento verde como poco masculino, llega a esa conclusión luego de haber realizado una amplia encuesta entre 2 mil hombres y mujeres estadounidenses y chinos. El estudio afirma que para los varones actitudes tan elementales como utilizar bolsas de lona para hacer las compras en vez de las de plástico es considerado poco masculino.

El trabajo está enfocado en el marketing, con el objetivo de conseguir que los varones se sientan masculinos aún comprando artículos verdes, con lo que llega a conclusiones penosas como que los hombres que se sienten seguros en su hombría se sienten más cómodos comprando verde.

Sin embargo, consigue rastrear algunos comportamientos que permiten ir algo más allá, en el sentido de comprender cómo el patriarcado es una de las principales causas del deterioro ambiental del planeta. Donald Trump no es una excepción, al negar el cambio climático y alentar actitudes destructivas, desde las guerras hasta el consumismo.

Propongo tres miradas que pueden ser complementarias y que afectan al mundo de los varones, no para que adoptemos actitudes políticamente correctas (con sus dosis de cinismo y doble discurso), sino para aportar al proceso de emancipación colectiva de los pueblos. Lee el resto de esta entrada

La Comunicación No Violenta

Introducción

¿Cómo nos vinculamos con otra persona cuando sentimos mucho enfado y dolor? ¿Qué hacemos cuando estamos en pleno desacuerdo con los argumentos planteados? ¿Cómo respondemos a la angustia y desesperanza de alguien a quien queremos ayudar? ¿Cómo planteamos peticiones en reuniones de trabajo? Estos interrogantes ilustran algunos de los escenarios planteados en este artículo. Mientras aprendemos a identificar nuestras propias formas de actuar que aumentan el conflicto y la desconexión, podemos educarnos para estar presentes de un modo que potencie la armonía y la cooperación, y que nos ayude a responder a nuestras necesidades. ¿Cómo hacerlo? En “Comunicación no violenta”, Rosenberg plantea una serie de pautas y habilidades para lograrlo.

“Comunicación no violenta” expresa una clara y sistemática presentación de un programa educativo desarrollado por Marshall Rosenberg, a partir de su experiencia como mediador, educador y terapeuta, y que en la actualidad se comparte en más de 45 países. A lo largo de sus páginas, Rosenberg nos involucra en un proceso de reflexión y aprendizaje relacionado con cómo nos comunicamos habitualmente y cómo podemos hacerlo de un modo más efectivo y coherente con nuestros valores.

En este artículo se repasan los cuatro elementos clave de la comunicación no violenta (CNV), esto es: observar sin evaluar, identificar y expresar los sentimientos, asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos y formular a los demás peticiones conscientes para enriquecer nuestra vida. También se señala la importancia de conectar con nuestras necesidades y con las de los demás, hecho que nos aleja de prejuicios y evaluaciones y nos hace capaces de poner en práctica el poder de la empatía para comunicarnos de manera efectiva.

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Observar sin evaluar

El primer componente de la CNV (comunicación no violenta) implica la separación entre observación y evaluación. Necesitamos observar claramente aquello que vemos, oímos o tocamos que afecta a nuestro bienestar, sin mezclarlo con una evaluación. Hacer observaciones constituye un elemento importante de la CNV mediante el cual intentamos comunicar a otra persona, de forma clara y sincera, cómo nos sentimos. Sin embargo, si mezclamos la evaluación con la observación, reduciremos la probabilidad de que la otra persona entienda lo que pretendemos transmitirle. En lugar de ello, recogerá la crítica y opondrá resistencia a lo que estamos diciendo.

La CNV no nos dice que seamos totalmente objetivos ni tampoco que nos abstengamos de hacer evaluaciones. Lo único que nos dice es que mantengamos una separación entre nuestras observaciones y nuestras evaluaciones. La CNV constituye un lenguaje dinámico que rechaza las generalizaciones estáticas; en lugar de ello, las evaluaciones deben basarse en observaciones específicas del momento y del contexto.

El filósofo indio J. Krishnamurti dijo una vez que observar sin evaluar constituye la forma suprema de la inteligencia humana. La primera vez que leí esta afirmación me dije: “¡Qué tontería!”, sin darme cuenta de que acababa de emitir una evaluación. A la mayoría nos cuesta hacer observaciones de la gente y su conducta exentas de juicios, críticas u otras formas de análisis. Lee el resto de esta entrada

Ahimsa según Mahatma Gandhi

Una serie de experiencias a lo largo de los treinta últimos años (de ellos, los ocho primeros en África del Sur) me ha confirmado que el porvenir de la India y del mundo depende de la adopción de la noviolencia. Es el medio más inofensivo y el más eficaz para hacer valer los derechos políticos y económicos de toda la gente que se encuentra oprimida y explotada. La noviolencia no es una virtud monacal destinada a  procurar la paz interior, sino una regla de conducta necesaria para vivir en sociedad, que asegura el respeto a la dignidad humana y permite que progrese la causa de la paz, según los anhelos más fervientes de la humanidad. La primera exigencia de noviolencia consiste en respetar la justicia alrededor de nosotros y en todos los terrenos. No se puede ser noviolento de verdad y permanecer pasivo ante las injusticias sociales.

La noviolencia no consiste en “abstenerse de todo combate real contra la maldad”, por el contrario, veo en la noviolencia una forma de lucha más enérgica y más auténtica que la simple ley del talión, que acaba multiplicando por dos la maldad. Contra todo lo que es inmoral, pienso recurrir a armas morales y espirituales. No deseo embotar el filo del arma que me presenta el tirano, utilizando un tajo más cortante todavía que el suyo; procuraré apagar la mecha del conflicto sin ofrecer ninguna resistencia de orden físico. Mi adversario tiene que quedar sujeto por la fuerza del alma. Al principio quedará desconcertado; luego tendrá que admitir que estar resistencia espiritual es invencible. Si se pone de acuerdo, en vez de sentirse humillada, saldrá de ese combate más noble que antes. Podría objetarse que es una solución ideal. Estoy totalmente de acuerdo.

La noviolencia es la fuerza más grande que la humanidad tiene a su disposición. Es más poderosa que el arma más destructiva inventada por el ser humano. La destrucción no corresponde ni mucho menos a la ley de los Hombres. Vivir libre es estar dispuesto a morir, es preciso a manos del prójimo, pero nunca a darle la muerte. Sea cual fuere el motivo, todo homicidio y todo atentado contra la persona es un  crimen contra la humanidad.

Ninguna institución puede hacer obligatoria la noviolencia, como tampoco es posible consignar los principios de la verdad en una constitución escrita. Nos toca a cada una de nosotras adoptarlas con toda libertad. Lo mismo que los vestidos, tienen que venirnos a medida, si no queremos caer en contradicciones sin fin. Lee el resto de esta entrada

¿Qué representa hoy el anarquismo? ¿En qué creen los anarquistas?

Muchas personas siguen confundidas con respecto al anarquismo, asociándolo con violencia indiscriminada, caos y desorden. Esta imagen distorsionada contraviene más de un siglo de actividad anarquista. De modo que, si no es caos o desorden, ¿qué representa el anarquismo? ¿En qué creen los anarquistas?

Valores centrales del anarquismo

Al nivel más elemental, los anarquistas creen en el valor igualitario de todos los seres humanos. Los anarquistas también creen que las relaciones de poder jerárquicas no sólo son injustas, sino que corrompen a quienes ostentan poder y deshumanizan a quienes no lo tienen. En cambio, los anarquistas creen en democracia directa, cooperación y solidaridad. Los anarquistas se oponen al estado, el capitalismo, la supremacía blanca, el patriarcado, el imperialismo y otras formas de opresión, no porque crean en el desorden, sino más bien porque creen en una libertad igualitaria para todos y se oponen a todas las formas de explotación, dominación y jerarquía.

De modo que, si los anarquistas no están a favor del desorden y el caos, ¿qué apoyan? Los anarquistas reconocen que el orden social actual promueve un desorden individualista y competitivo, y la destrucción de la ecología, no la libertad para todos. Por ejemplo, bajo el capitalismo, la élite adinerada posee la libertad de dominar y explotar al resto de nosotros, mientras nos quita la libertad de controlar nuestro trabajo y nuestras vidas, y nos despoja de la capacidad de participar equitativamente de las ventajas económicas y tecnológicas de nuestro mundo creadas global e históricamente. En contraste, los anarquistas apoyan los principios de la solidaridad y la libertad igualitaria para todos, en todos los aspectos de la sociedad.

La democracia directa reemplaza al estado

El Estado democrático es una contradición conceptual para los anarquistas. El Estado no es realmente participativo, sino es más bien un sistema de gobierno en que algunos gobiernan y otros son gobernados. Está compuesto de instituciones y relaciones de poder jerárquicas en las que algunos, elegidos o no (en lugar de la sociedad en su totalidad), toman decisiones obligatorias y con carga valórica para el resto de nosotros, e imponen dichas decisiones con la amenaza directa (o subyacente) de violencia. Para gobernarnos a nosotros mismos sin el Estado, los anarquistas proponen asambleas de democracia directa con delegados revocables sujetos a mandato popular (es decir, deben transmitir las visiones específicas y los votos de todos los participantes de la asamblea) que son inmediatamente revocables (en contraste con los “representantes” que, luego de elegidos, toman sus propias decisiones) para entablar diálogos, negociaciones y compromisos con grandes cantidades de personas. Por ejemplo, en lugar de elegir senadores y representantes, los anarquistas proponen asambleas de barrio compuestas probablemente por 200 a 400 personas para analizar, debatir y dialogar directamente acerca de los distintos asuntos que surgen en nuestra sociedad. Los grupos de vecinos pueden enviar a sus delegados con votos específicos sobre cada asunto para que haga lo mismo en asambleas subregionales, asambleas regionales y una asamblea global. Si cada uno de estos cuatro niveles de asambleas de democracia directa fuera de alrededor de 300 personas, se puede tener un autogobierno de democracia directa de 8.100 millones de personas. Por supuesto que este es sólo un ejemplo teórico y podría tener distintas formas y cantidades numéricas en la práctica; pero estas estructuras de democracia directa eliminarían la necesidad de que otros tomen decisiones para la población global y, por el contrario, implican la toma de decisiones participativa y de todas las personas del planeta mediante la democracia directa. Lee el resto de esta entrada

El cuidado

Cuenta una fábula antigua que “Cierto día, Cuidado tomó un pedazo de barro y lo moldeó con la forma del ser humano. Apareció Júpiter y, a pedido de Cuidado, le insufló espíritu. Cuidado quiso darle un nombre, pero Júpiter se lo prohibió, pues quería ponerle nombre él mismo. Comenzaron a discutir. En esas apareció la Tierra, alegando que el barro era parte de su cuerpo, por tanto, tenía derecho a escoger el nombre. La discusión se complicó. Entonces, todos aceptaron llamar a Saturno, el Dios ancestral, para que dirimiera el asunto. Saturno decidió la siguiente sentencia: Tú, Júpiter, que le diste el espíritu, recibirás su espíritu cuando esta criatura muera. Tú, Tierra, que le has dado el cuerpo, recibirás su cuerpo cuando esta criatura muera. Y tú Cuidado, que moldeaste la criatura, la acompañarás durante toda su vida. Y como no ha habido acuerdo sobre el nombre, decido yo: se llamará “hombre”, que viene de humus, que significa tierra fértil”.

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La renta básica universal no crea vagos

Suiza, cuya mayor contribución a la humanidad sea, posiblemente, haber perfeccionado el reloj de cuco y la navaja multiusos, se ha hecho aquí muy popular por sus cuentas numeradas, que son el orgullo de nuestra delincuencia de cuello blanco. Estos días, sin embargo, los suizos han vuelto a ocuparnos por su rechazo en referéndum a que el Estado proporcione una renta básica mensual de 2.250 euros a cada ciudadano por el mero hecho de serlo. Nuestros liberales de cabecera se han apresurado a alabar la sabiduría helvética y sus raíces calvinistas que, según entienden, han hecho que triunfe el trabajo frente a la molicie.

RENTA-BASICA-YADe la renta básica incondicionada hemos tenido pocos profetas. La propuso Podemos en algún momento y tardó poco en meterla en un cajón y sustituirla por una renta mínima de 600 euros para hogares sin ingresos cuando empezó a darse cuenta de que el partido terminaría haciéndose socialdemócrata, pero a la española. Se trata, sin embargo, de la culminación lógica del Estado del Bienestar, y así se ha entendido en el norte de Europa, donde ya se ha pasado la etapa del debate y se camina hacia su implantación.

Si aceptamos que el ser humano al nacer tiene derecho a tener cubiertas sus necesidades más básicas, la única pregunta que cabe hacerse es si el modelo es financiable y sostenible o, por el contrario, se trata de una idea peregrina que hay que rechazar de plano. Según se verá ahora, es perfectamente realizable tal y como demuestran los estudios económicos y las experiencias prácticas de las que ya se disponen.

Varios de los promotores de la Red Renta Básica, Daniel Raventós, Antoni Doménech, Jordi Arcarons y Lluís Torrens, llevaron a cabo hace unos años una simulación para el conjunto de España con una muestra de casi dos millones de liquidaciones del IRPF de 2010. Los criterios fueron los siguientes: asegurar una renta incondicionada de 7.500 euros anuales a los mayores de 18 años (que es donde se sitúa el umbral de la pobreza en España) y de hasta un 30% de esta cantidad a los menores. Dicho importe estaría libre de impuestos y sustituiría a toda prestación pública inferior o se subsumiría en las superiores (los pensionistas que cobren 1.000 euros en la actualidad recibirían la misma cantidad, de la que 625 euros serían renta básica y 375 euros de pensión, y los que no llegaran a 625 euros verían complementado lo que reciben). Y todo ello asegurando que no se generase déficit y que se pudiera seguir financiando el gasto público actual, especialmente sanidad y educación. Lee el resto de esta entrada

La revolución de los cuidados

Cuidado, afecto y ternura son valores atávicamente atribuidos a las mujeres pero ni el mundo se puede permitir que el 50% de la humanidad delegue estos valores en las mujeres, ni los hombres se pueden permitir renunciar a los beneficios que para su vida puede suponer cuidar a los demás.

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Para poder hacer realidad la revolución de los cuidados, para poder construir unas relaciones humanas más justas e igualitarias, hay que desenmascarar las desigualdades que nos atraviesan. Por lo tanto, hay que buscar la encrucijada entre una vida basada en la igualdad entre mujeres y hombres, en los derechos sociales, políticos y económicos, en la libertad, en la redistribución de la riqueza y del trabajo, en el fortalecimiento de los servicios públicos, etc., y una vida centrada en el cuidado y en la interdependencia. Porque no puede haber una verdadera justicia social si por el camino dejamos de cuidar a las persones que nos rodean… o si los cuidados recaen exclusivamente en las mujeres.

Solo restableciendo el equilibrio entre identidades relacionales (tradicionalmente vinculadas con la feminidad) e identidades individualizadas (ostentadas históricamente por los hombres a través del mantenimiento del poder y el privilegio y de su apropiación del espacio público), encontraremos la vía para desarrollar esta ética del cuidado y de la responsabilidad colectiva que tan acertadamente describe la filósofa Carol Gilligan:

En un contexto democrático, el cuidado es una ética humana. Cuidar es lo que hacen los seres humanos; cuidarse de uno mismo y de los demás es una capacidad humana natural. La diferencia no estaba entre el cuidado y la justicia, entre las mujeres y los hombres, sino entre la democracia y el patriarcado.

Socializar el cuidado es, por lo tanto, la clave para «hacerse cargo, cargar y encargarse de la realidad» de forma colectiva y para construir una verdadera democracia. Por eso hay que concienciarse de que somos seres vulnerables y de que la atención a esta vulnerabilidad es una responsabilidad social.

De la hostilidad y el rechazo a la hospitalidad y la acogida

Asistimos hoy en día a un desplazamiento forzado de personas que no tiene parangón con ninguna situación pasada. Por un lado las desigualdades económicas se han vuelto abismales; el capitalismo con la compra masiva de tierras, y la explotación de los recursos materiales, ha dejado inmensos territorios sin ningún tipo de perspectiva de futuro. Por otro lado, el incremento del número de conflictos armados ha provocado que el número de refugiados se disparase hasta superar los 60 millones de personas.

Refugiado sirio acogido en la isla de Lesbos (Grecia). Autor: Juan Hidalgo.

Refugiado sirio acogido en la isla de Lesbos (Grecia). Autor: Juan Hidalgo.

Ante esta situación las zonas «ricas y con estabilidad» de nuestro mundo, en vez de abordar las causas de los desplazamientos y buscar la protección de todas estas personas, han corrido a proteger sus fronteras para dificultarles el paso. Esta actuación por parte de algunos estados es simplemente criminal. En todo el mundo, sin embargo, se va despertando la conciencia de que por mucho que levantemos muros no solucionaremos el problema de fondo. Harán falta soluciones políticas globales. Europa no puede seguir en este desgobierno e indiferencia, lavándose las manos cuando es parte activa en la creación de estos desequilibrios a escala mundial.

Pero será necesario un trabajo de abajo a arriba que vaya generando una cultura de la hospitalidad que se oponga a la de la hostilidad. Habrá que combatir a aquellos que quieren pescar políticamente en el río de los discursos xenófobos, que se aprovechan del miedo, y que solo buscan levantar muros entre las personas. Venimos de una tradición bíblica en la que las referencias a la hospitalidad son constantes, porque para aquel que vivía en el desierto la hospitalidad era sinónimo de supervivencia. Actualmente es así para millones de personas, que solo tienen en nuestra acogida una posibilidad de futuro. Estamos obligados a ello, por una ley de humanidad escrita en nuestros corazones y que va más allá de cualquier ordenamiento jurídico. Este cambio solo se producirá si logramos ir diluyendo la frontera que separa el «nosotros» de los «otros», y somos capaces de ver en estos «otros» a «nuestro hermano».