El cuidado

Cuenta una fábula antigua que “Cierto día, Cuidado tomó un pedazo de barro y lo moldeó con la forma del ser humano. Apareció Júpiter y, a pedido de Cuidado, le insufló espíritu. Cuidado quiso darle un nombre, pero Júpiter se lo prohibió, pues quería ponerle nombre él mismo. Comenzaron a discutir. En esas apareció la Tierra, alegando que el barro era parte de su cuerpo, por tanto, tenía derecho a escoger el nombre. La discusión se complicó. Entonces, todos aceptaron llamar a Saturno, el Dios ancestral, para que dirimiera el asunto. Saturno decidió la siguiente sentencia: Tú, Júpiter, que le diste el espíritu, recibirás su espíritu cuando esta criatura muera. Tú, Tierra, que le has dado el cuerpo, recibirás su cuerpo cuando esta criatura muera. Y tú Cuidado, que moldeaste la criatura, la acompañarás durante toda su vida. Y como no ha habido acuerdo sobre el nombre, decido yo: se llamará “hombre”, que viene de humus, que significa tierra fértil”.

El cuidado es anterior al espíritu infundido por Júpiter y al cuerpo prestado por la Tierra. La concepción cuerpo-espíritu no es, por tanto, original (de origen). Original es el Cuidado «que fue el primero que moldeó al ser humano». El Cuidado lo hizo con «cuidado», con celo y devoción, o sea, con una actitud amorosa. Él es anterior, el «a priori» ontológico que permite que el ser humano surja.  Nosotros somos humus, tierra fértil, y para que sigamos ofreciendo frutos es importante nuestro propio autocuidado.

No hay nada que dé mayor sentido a la vida que el amor. Todos de una u otra forma hemos experimentado, apreciamos y agradecemos el cuidado y el amor de otros hacia nosotros; el cuidado de nuestros padres cuando nacemos, el cuidado de nuestros amigos. Con amor cuidamos, protegemos y posibilitamos que otros sean; el amor es el mayor y mejor motor que nos mueve a actuar; el amor es liberante y liberador; el amor más el cuidado son los criterios éticos transformadores. Y para llevarlos a cabo hacia el mundo el primer paso en el camino es amarnos y cuidarnos a nosotros mismos.

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Publicado el 12 agosto, 2016 en cuidados, Felicidad, Ternura y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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